
Todo en blanco y tantas cosas que contar. No sé por donde empezar. Esta semana ha sido muy intensa, muy enriquecedora. Pero en este primer post de resaca me gustaría hacer un homenaje. Cada vez que nos reunimos mi madre, mi tía y yo (y no sucede en demasiadas ocasiones al año, desgraciadamente) hablamos mucho y de todo. Praticamos con mucho placer eso que está tan en decadencia en muchas familias, la comunicación. Las buenas discusiones que manteníamos es de las cosas que más echo de menos. Y, como no, siempre terminamos recordando viejos tiempos y a personajes de nuestra historia familiar. Empezamos por mi abuela, una mujer con la que me siento muy identificado; enérgica, sociable, habladora incansable, deportista sin saberlo (caminaba muchos kilómetros diarios), alegre y muy juerguista. Tuve el placer de conocerla, aunque compartimos pocos años, y marcó un estilo de vida, de la mía. Siento una enorme satisfacción y muchísimo orgullo cada vez que dan un dato nuevo sobre ella y veo que coincide con un rasgo de mi personalidad. No hay mayor satisfacción que parecerte a alguien al que admiras. Y yo siento mucha admiración por ella. Alrededor de la mesa, con nuestra crema de orujo (deliciosa) rendimos nuestro particular homenaje a la persona que, hoy por hoy, sigue siendo una de mis fuentes energéticas fundamentales. Parece mentira que alguien que ya no habita entre nosotros pueda dar y transmitir tanta fuerza. Mi estilo de vida es la forma de tenerla presente. Cuántas cosas haría con ella!!!

Lo que más me atrae de esta familia es el matriarcado en el que han vivido siempre. De hecho sólo conozco los nombres de ellas, las féminas que han luchado por sobrevivir en aquellos tiempos de cólera. Una historia digna de una novela. Una mujer hermosa que se enamora de su señor patrón, y él de ella. Un fruto prohibido por el que luchará hasta la muerte. Especulaciones, préstamos, deudas, sacrificios, poder, negocios, avaricia, secretos... Otra mujer interesada en la riqueza y en el poder, que sacrificó a su familia por conseguir un sueño. Una hija con un destino marcado y escrito desde su nacimiento. Una vida desgraciada hasta el final sometida a las órdenes y deseos de una madre estricta y dictatorial. Todo ello enmarcado en una Galicia rural, marinera, pobre y costumbrista. Esa es la sinopsis de la historia de mis antepasados. Una historia que despierta en mí la curiosidad de saber más. Me parecen unas vidas fascinantes, reales, cercanas y a la vez tan misteriosas, secretas y lejanas. No lo sé, quizás algún día me sienta lo suficientemente fuerte, capacitado y documentado como para escribir la historia de las mujeres de mi familia. De momento me conformo con escuchar sus historias, fragmentos de unas vidas agridulces alegradas en aquellas verbenas donde bailaban sin parar abstrayéndose de una cruda realidad. Realidad que han vivido todas desde la alegría y con mucho positivismo.
Siempre, desde niño, he disfrutado de las historias de los mayores. Vamos, eso que la mayor parte de nietos encuentran terriblemente aburrido. A ellos les diría que hoy anhelo saber más y me encantaría que mi abuela viviese para sentarme a ver su vida pasar delante de un buen café... Mejor una queimada.
Desde aquí el homenaje a mi abuela, bisabuela, tatarabuela y tataratatarabuela. Mujeres de armas tomar.